El llamado “Método Tradicional”, es en el cual, durante meses, los colonos ingleses recolectaban cenizas de madera de sus hogueras y las colocaban en lo que se denominó tolva. La tolva era un dispositivo utilizado para separar la lejía de la ceniza de madera. Cuando tenían suficientes le vertían agua sobre ellas para filtrarla.
Esta solución, llamada lejía, era un compuesto de Hidróxido de Potasio (KHO) o potasa caustica y tenía que hervirse hasta que alcanzara la consistencia adecuada.
Esta forma de obtener legía para fabricar jabones se utilizó en Norteamérica hasta mediado del siglo XIX que fue cuando se descubrió el método de obtener hidróxido de sodio de forma abundante y barata.
La Legía no era lo único que tenían que hacer, también tenían que recolectar los restos de la grasa de la cocina y las grasas de animales no cocidas para luego limpiarlas.

Esto implicaba hervir la grasa en agua durante horas hasta que se derritiera por completo.
Durante este proceso todas las impurezas caían al fondo de la olla mientras que la grasa flotaba y se solidificaría al enfriarse el agua. Todo este trabajo se realizaba en el exterior debido al persistente y desagradable olor.
La mezcla de lejía y grasas se colocaba en una olla grande con la grasa limpia y se hervía durante horas hasta que se volvía espesa y espumosa.
El éxito de la fabricación de jabón colonial dependía de la obtención del equilibrio correcto entre la lejía y las grasas, pero los colonos no contaban con instrumentos precisos y requería varios intentos antes de obtener un lote adecuado.
El método más popular en esa época era la de sumergir un huevo en la solución. Si este se hundía le agregaban agua a la solución y si flotaba demasiado le agregaban más potasa. El equilibrio se lograba cuando el huevo flotaba con apenas una pequeña porción del cascaron fuera del agua.
Debido a las dificultades que los colonos afrontaban para fabricar jabón surgieron numerosas supersticiones que los colonos creían que influían en el éxito o fracaso de sus lotes.
Autor: Licenciado Reynaldo C Blanco
Para hacer un buen jabón, se tomaron en cuenta la marea y las fases de la luna, entre otras cosas. Una receta holandesa de Pensilvania advertía que el palo de sassafrasas (árbol nativo del Este de Norte América) era el único adecuado para remover el jabón y que la agitación debía de hacerse siempre en la misma dirección.
El jabón hecho con lejía de ceniza de madera no hace un jabón duro sino un jabón suave, que cuando al dejarse enfriar se obtenía una sustancia gelatinosa de color marrón que se siente resbaladiza al tacto, sin embargo producía una espesa espuma al mezclarse con agua. Este jabón suave luego se vertía en un barril de madera con un tapón para usarlo cuando fuera necesario.
Para hacer jabón duro, se arrojaba sal común al final de la ebullición. Esto formaba una capa de jabón duro en la parte superior de la olla que se extraía y se dejaba curar.
Como la sal común era cara y difícil de conseguir y como el jabón suave funcionaba igual de bien que el jabón duro, los colonos no solía desperdiciarla para fabricar jabón duro.
Sin embargo, en los pueblos y ciudades donde había fabricantes de jabón para la venta, estos si convertían su jabón en barras mediante la adición de sal porque estos era más fácil de almacenar y transportar.
Para hacer más atractivas estas barras a los clientes, a menudo eran perfumadas con aceites como el de lavanda, gaulteria o alcaravea y se vendían como jabón de tocador.
En esa época el jabón duro no se cortaba en barras pequeñas ni se envolvía como el jabón que se vende hoy. El jabón se vertía en grandes marcos de madera y se retiraba una vez que se endurecía. El jabón se vendía generalmente por libra según la cantidad de jabón que un cliente quería. Las pequeñas barras envueltas no estuvieron disponibles hasta mediados del siglo XIX.
Un detalle a tener en cuenta es que el procedimiento de fabricación de jabón descrito aquí no era solo la forma en que los colonos hacían su jabón y que era generalmente una tarea de las mujeres, sino que este fue esencialmente el método utilizado por todos los fabricantes de jabón de la época y siempre se consideró como uno de los trabajos más difíciles realizar, tanto en la granja como en el hogar.